martes, junio 06, 2006

La vida en las comunidades virtuales: algunas hipótesis

¿Es la vida virtual un relfejo de nuestra propia vida real? ¿La socialización virtual propicia la disociación? ¿Qué tipo de vivencias es posible experimentar el ciber espacio? ¿Cómo se construye la identidad virtual? Este tipo de preguntas pueden parecer extravagantes a quien nunca atravesó la experiencia de involucrarse en una comunidad virtual. Por cierto, las relaciones que se establecen en los entornos cibernéticos pueden tener perfiles muy diversos. Sin embargo, cuando esta modalidad comunicativa parece tener por objeto alguna gratificación de tipo lúdica, orientada hacia la búsqueda de entretenimiento en cualquiera de sus variantes, implica una vivencia muy particular que la diferencia de otros vínculos personales.

¿Es acaso previsible el comportamiento de los usuarios en un medio interactivo?

Aparentemente, pareciera difícil encontrar una respuesta para esta cuestión. De hecho, en los medios masivos tradicionales, la actitud pasiva de las audiencias fue claramente cuestionada. Naturalmente, nos referimos a la tésis planteada a mediados de los años 70, cuando se produce un cambio de paradigma en lo que respecta a la investigación de los medios de comunicación de masas. Hasta el momento, la mass communication research, se basaba en el estudio de los efectos que los medios producían en las audiencias. Esta tendencia se modifica a partir de los trabajos de, entre otros, Blumer y Katz, con la teoría de los usos y gratificacione, la cual plantea que las audiencias son las que determinan el modo en que aprovechan los contenidos propuestos por los medios.

De este modo, los medios de comunicación proporcionan diferentes tipos de gratificaciones tales como fomentar el sentido de pertenencia, promover el compañerismo, facilitar la interacción personal, propiciar la autoestima, construir una identidad, experimentar liberaciones emocionales, evadirse o simplemente, buscar un espacio para el relax. (Morley, David. 1996. en Estudios culturales y comunicación. Editado por Curran y Morley. Barcelona: Paidos)

Las posibilidades intereactivas proporcionadas por los entornos informáticos, esto es la bidireccionalidad de la comunicación, el feedback personalizado pese al tiempo diferido, potencian las perspectivas previstas por esta teoría.


Desde otro punto de vista, podríamos considerar que la red escapa a la clasificación de comunicación masiva, puesto que lo mediático, al no ser prioritariamente unidireccional, predispone a lo interpersonal por sobre lo masificado. Sin embargo, esto, en sí mismo, no tendría por qué implicar novedad alguna: la comunicación a través de medios electrónicos parece ser a simple vista, una forma más de comunicación. Incluso hasta el intercambio epistolar tradicional no resulte demasiado diferente si realizamos una comparación a nivel superficial. Sin embargo, por alguna razón, se ha dado en llamar a este tipo de experiencias “realidad virtual”: Lo virtual “es la cualidad de aparentar lo real al simular sus efectos, pero sin serlo. En otras palabras, lo virtual es la cualidad de lo hiperreal” (Salazar Javier, Comunidades Virtuales: Una definición y caracterización tentativa)

¿A qué se refiere un cibernauta cuando alude al entorno virtual?

Lo virtual es lo que tiene apareciencia de real, y la utilización de este término por parte de los usuarios, probablemente refiera a esta percepción que parece distorsionar lo real. Los entornos electrónicos, cuya tecnología permite simular una realidad hecha de bits pueden recrear un ambiente inexistente. Existe así una aparente dicotomía entre lo real y lo irreal. Pero, si trasldadamos este aspecto al ámbito de las relaciones humanas ¿es posible hablar de virtualidad?. Probablemente, cierto desdoblamiento de los objetos representados afecte y modifique estas relaciones, sin embargo, no toda comunicación virtual es una simulación. De esta forma, lo virtual puede ser una excusa, cuya articulación obedece a necesidades diferentes de acuerdo al uso que el cibernauta le asigne al espacio “virtual”. De esta manera, el espacio virtual puede ser tanto un escenario para el desarrollo de un juego de roles para descarga emotiva de diferente tenor, hasta un lugar para la contención afectiva o la búsqueda de infromación.

Profundizando este concepto podemos mencionar a título de hipótesis que, ciertos entornos virtuales parecen propiciar la construcción de una suerte de “muralla defensiva” a partir de la cual los intercambios pretenden desperzonalirse, amparándose en que lo virtual es irreal, o, mejor dicho en, una suerte de ficción lúdica que mantiene a la personalidad aparentemente protegida de exposiciones emocionales.

Afirma Castells que “aún no está claro cuánta so­ciabilidad está habiendo en esas redes electrónicas y cuáles son los efectos electrónicos de una forma de sociabilidad tan nueva. No obstante, cabe destacar un rasgo: estas redes son efímeras en lo que respecta a los parti­cipantes." (Castells Manuel, La era de la información: Economía, sociedad y cultura)

Sin embargo, en el caso de muchas comunidades on line, los vínculos han sido prolongados e incluso han trascendido diferentes entornos.

La pregunta es pues si la construcción de una identidad virtual puede manterse efectivamente disociada de la personalidad “real” utlizada, ora conciente o inconcientemente como una máscara a través de la cual se construye una nueva identidad, que proteje a la identidad real.

En definitiva, el tipo de pregunta que nos hacemos, nos lleva a explorar respuestas respecto al modo en que algunas personas parecieran sostener a largo plazo, una disciación voluntaria de su personalidad en un entorno virtual. Esta pregunta debería ser el punto de partida para estudiar luego, los puntos en los que surgen conflitos virtuales que a menudo exigen que estos espacios sean premoderados puesto que, traspasado un umbral determinado, parecen quebrarse las disociaciones y afectar al individuo atravesando la protección desarrollada a través de su indentidad virtual o máscara cibérnética que puede perder su cualidad de escudo protector.

3 comentarios:

Rubén Dario Caramutti dijo...

Graciela, respecto de tu pregunta sobre si la construcción de una identidad virtual puede manterse efectivamente disociada de la personalidad “real” utlizada, creo que cabe plantearse si en definitiva la identidad no es simplemente un atributo de lo colectivo. O acaso no vale aquello de que el hombre es él y sus circunstancias ?. Esta es una tipica frase que describe la idea de la multiplicidad de identidades que se definen de acuerdo al entorno social: yo me pregunto por que habría de ser diferente en el entorno mediado ?.
Muy bueno tu blog :)

Graciela Caldeiro dijo...

Ruben Darío,
Interesante tu comentario... me quedé pensando en que sí, la identidad puede ser (al menos en parte), un atributo de lo colectivo. Ahora bien, en el contexto de una comunidad virtual, el sujeto puede tener la fantasía de fragmentar la influencia de los otros-virtuales, especialmente cuando interactua con ellos usando un nickname o, aún de manera más compleja, forzando reacciones teatralizadas que caricaturizan o desdibujan su personalidad habitual (por no decir 'real'). Sin embargo, honestamente, también creo dificil recrear una personalidad-virtual que de algún modo uno no tenga, al menos en parte dentro de uno mismo.
Graciela

Rubén Dario Caramutti dijo...

Graciela,
El tema de la identidad virtual y de la personalidad es muy apasionante. Hay un autor (Javier Salazar) de origen Venezolano que escribió bastante sobre el tema. Tiene un trabajo titulado 'Psicología del ciberespacio: La ontología del ser "online"' que vale la pena leer.